Cuaderno de Paleta

Cómo aplicar técnicas de iluminación de cine en mi maquillaje diario

Cómo aplicar técnicas de iluminación de cine en el maquillaje editorial diario, estilo belleza Hollywood

Cuarenta y cinco grados. Ese es el ángulo que necesita la luz de la tarde para entrar por la ventana de mi pieza, en el cerro Playa Ancha, sin aplastarme la cara como el tubo fluorescente del techo en la clínica dental donde trabajo entre semana. Anoto ese tipo de detalles en el mismo cuaderno donde guardo mis apuntes de maquillaje editorial, y la pregunta que más se repite cuando alguien ve las fotos del fin de semana es siempre la misma: cómo se consigue esa luz de cine en una cara que pasó la semana entera bajo luz de oficina. Esta entrada junta las respuestas que suelo dar, una por una, para que no tengas que adivinar con la iluminación de cine como adiviné yo la primera vez.

Antes de seguir: esta libreta tiene enlaces de afiliado. Si matriculas un curso desde alguno, parte de lo que pagas vuelve como comisión para mí, sin que a ti te cueste ni un peso más. Los cursos que nombro acá son los mismos que reviso cuando alguien me pregunta por dónde empezar.

Mi maquillaje se ve perfecto en la pieza pero grisáceo bajo los tubos de la clínica

Porque son dos fuentes de luz completamente distintas, y el maquillaje reacciona a cada una como si fuera otra persona. La luz fluorescente de la clínica tira hacia el verde, así que un labial que en el espejo de mi pieza se ve rojo profundo llega a la hora de almuerzo con un aire ceniciento, casi apagado. Revisando Diferencias entre el maquillaje editorial y social para mis looks diarios terminé de entender que no es un tema de técnica sino de temperatura de color: maquillaje editorial y maquillaje de todos los días piden una lectura de luz distinta, aunque compartan la misma paleta. Encontrar el rojo exacto que no vira a fucsia ni a bordó según la hora es casi otro oficio aparte.

Preparar la piel antes de cualquier color es, para mí, lo que más cambia el resultado final en foto, más que el color mismo, aunque ese es un tema que da para su propia entrada. Y que todo esto aguante hasta la tarde, sin que el corrector se separe con el calor de la clínica, es otro cuento con sus propios trucos que tampoco alcanzo a desarmar acá.

Paleta de sombras de ojos junto a elementos de una clínica dental, contraste entre luz clínica y maquillaje editorial

La regla del rebote que aprendí mirando cómo cambia la luz en mi pieza

Girar el tocador no arregla nada si la luz sigue llegando de frente: eso aplana la cara y borra el volumen que cualquier contorno intenta crear. Correr el mueble hacia el ángulo donde la luz rebota antes de tocarme la piel fue lo que realmente cambió las fotos de los sábados. No hace falta comprar ningún equipo para notar la diferencia, solo prestar atención a en qué rincón de la casa la luz de la tarde llega suave, ya rebotada, en vez de pegar directo. Ahí es donde la sombra bajo el pómulo se acomoda sola, sin que tengas que dibujarla con la brocha.

Iluminación tipo Rembrandt sobre el rostro para resaltar la estructura ósea, técnica de rebote de luz

Cuando intenté fijar el contorno como en una producción

Fijar el corrector con la técnica de baking me pareció el atajo perfecto la primera vez que la probé: dejar el polvo reposando sobre el corrector antes de retirarlo, para que la piel quedara lisa bajo cualquier luz dura. El problema fue el polvo que elegí, uno compacto en vez del suelto que pide la técnica, y el resultado quedó con manchas blancas bien visibles en los pómulos apenas la cámara del teléfono captó algo de flash. En el espejo de la pieza con luz natural no se notaba nada raro, ese tacto seco y como yeso que deja un polvo mal elegido recién se nota con flash o con luz cenital encima. Desde ese sábado reviso primero con qué estoy fijando el maquillaje antes de preocuparme por la luz, algo bastante fome de aprender a la mala.

Esculpir con sombra en el automaquillaje avanzado

Dejé de pensar el contorno como una línea café bajo el pómulo el día que empecé a tratarlo como relleno de luz y no como dibujo. La iluminación de cine trabaja con tres capas: una luz principal, otra que suaviza las sombras que deja la primera, y una tercera que separa a la persona del fondo. En mi caso la luz principal es la ventana de la pieza; el relleno son los dos tonos de corrector que uso según el día. Cuando el contorno del Curso de Automaquillaje Avanzado me quedaba plano, era casi siempre por saltarme ese paso de relleno, no por mala mano con la brocha. Manejar bien las texturas cremosas, que es donde más se nota si el esculpido se ve natural o pegado, fue algo que terminé de entender revisando Técnicas de automaquillaje avanzado para recrear looks de pasarela, aunque ahí el objetivo es la pasarela y no una foto de sábado. Ese contraste casi de blanco y negro que se busca en algunas producciones es otro tema aparte, uno que dejo para otra entrada.

Ese punto de luz en la mirada sin comprar equipo de foto

Con un espejo de mano y algo de paciencia, básicamente. El catchlight es ese punto blanco que aparece en el iris y que hace que una mirada se vea despierta en vez de plana en las fotos; en el cine lo logran con paneles carísimos, pero en la práctica basta con inclinar un espejo pequeño para devolver la luz de la ventana hacia los ojos en el ángulo justo. El mío es uno con aumento, chico, y es de las pocas cosas de mi set que no cambiaría por otro. Encontrar el punto exacto es cosa de mover el espejo centímetro a centímetro mientras te miras de reojo, hasta que aparece un brillo nítido en el iris y no un reflejo borroso repartido por todo el ojo. Ese brillo separa una foto con buena luz de una que se ve editada de más, y es parte de por qué ciertos looks de década, con esa mirada casi de otra época, funcionan tan bien en cámara. También es la diferencia entre un smoky eye que se ve apagado en foto y uno que mantiene algo de brillo húmedo en el párpado móvil sin perder profundidad, algo que en maquillaje editorial se trabaja aparte y que dejo para otra entrada.

Detalle de un ojo con catchlight, el punto de luz que da vida a la mirada en maquillaje editorial

Prueba esto antes de salir a caminar por Paseo Yugoslavo

Antes de salir, apaga la luz del techo y párate donde entre la luz de la calle, sea la que sea que tengas cerca: un ventanal, la puerta abierta, el reflejo de una vitrina. Caminando por Paseo Yugoslavo un sábado me saqué una foto casi sin querer y el smoky eye se veía igual a la referencia que había estado persiguiendo, algo que nunca me pasaba con luz de baño. El delineado en ala, el mismo que uno asocia con Audrey Hepburn, se nota muchísimo más bajo este tipo de luz lateral, para bien o para mal. Mi compañera Florencia, que se sienta al lado mío en la clínica y anota cada pregunta de maquillaje en una libreta que lleva al trabajo, me preguntó cómo hice para que nada se corriera en la foto; le dije que no fue el producto, fue dónde me paré antes de sacarla, cachái.

Comparación de tonos de maquillaje bajo diferentes temperaturas de color de luz, clave en la iluminación de cine

Cuándo conviene volver a lo simple

Hay sábados en que ensayo un look completo en la cara de mi vecina Renata, que golpea la puerta cuando necesita que le preste algo y termina sentada frente al espejo dejándome probar el tipo de belleza Hollywood que persigo los sábados, sin cobrarle nunca nada. Ella siempre pide una foto del resultado antes de irse, y esa foto es la prueba más honesta de si la luz funcionó o si solo se veía bien en mi cabeza. El curso Maquíllate como artista de Hollywood es el que reviso más seguido cuando alguien me pregunta por dónde seguir después de lo básico: no enseña trucos sueltos, enseña a mirar la luz antes de tocar la brocha, que es distinto, y vale más o menos lo que cuesta salir a comer afuera un par de veces. Eso sí, sus módulos usan luz de estudio perfecta, así que igual te va a tocar experimentar en tu casa con lo que tengas a mano. Si en cambio recién estás partiendo y prefieres algo más estructurado y menos enfocado en lo cinematográfico, el Curso de Maquillaje Profesional deja las bases claras sin pedirte que entiendas de temperatura de color primero.

Nada de esto reemplaza el rato frente al espejo probando qué luz te queda mejor a ti. La cámara del teléfono no miente tanto como uno cree, y volver al artista de Hollywood cuando ya tienes esa base resuelta es, para mí, la forma más barata de seguir aprendiendo iluminación de cine sin salir de la pieza.

Cuaderno de apuntes con notas de técnica cinematográfica y brochas, práctica de maquillaje editorial