Cuaderno de Paleta

Mi experiencia recreando el maquillaje estilo años 70 con mucho brillo

Mi experiencia recreando el maquillaje estilo años 70 con mucho brillo
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Una tarde de sábado en Valparaíso, con la luz del puerto entrando por la ventana de mi departamento, intentando capturar ese brillo eléctrico de Studio 54 frente a un espejo que ya conoce todos mis errores. Afuera, el ruido de los colectivos subiendo por el cerro se mezcla con mi playlist de música disco, y yo estoy aquí, con 28 años, tratando de que mi párpado no parezca un proyecto de artes manuales fallido.

Para que sepai: este cuaderno tiene enlaces de afiliado. Si decides matricular un curso desde acá, parte de lo que pagai vuelve como comisión para mí y a ti no te suma ni un peso al precio. Cada curso que aparece pasó por varias semanas de práctica de fin de semana antes de quedarse anotado en el cuaderno, porque no me gusta recomendar cosas que no he probado bajo la luz de este sol porteño.

El escape de los lunes en la clínica

Mi semana transcurre entre fichas de pacientes, limpiezas dentales y el sonido monótono de la turbina. Soy asistente administrativa en una clínica dental pequeña, y aunque me gusta el orden, a veces la rutina se siente un poco fome. Por eso, mis sábados son sagrados. Desde finales de la primavera pasada hasta mediados de este invierno, me he propuesto una meta: dominar el brillo de la década de 1970 sin morir en el intento.

El maquillaje de esa época es fascinante porque es contradictorio. Es pesado pero se ve libre; es estructurado pero brilla como si la piel estuviera sudando diamantes. Pero, cachái, no es llegar y echarse escarcha. Empecé a sentir el cansancio de los tutoriales genéricos de internet que no explican la estructura. Me decían 'ponte brillo', pero no me decían cómo evitar que ese brillo se metiera en los pliegues del ojo o cómo hacer que sobreviviera a la humedad de Valpo.

Detalle de pincel de maquillaje capturando sombra plateada con luz natural.

Descubriendo la técnica de Hollywood

A mediados de mayo, después de un par de intentos donde terminé pareciendo más una bola de espejos de discoteca de pueblo que una diva de editorial, encontré el curso Maquíllate como artista de Hollywood. Lo que me llamó la atención fue su calificación de 4.3; no es perfecta, pero es real. Me di cuenta de que mis prácticas necesitaban un vocabulario técnico que no tenía.

Lo que me gustó de este material es que los módulos están armados como ejercicios de un look completo. No te enseñan a 'hacer un ojo', te enseñan a construir una narrativa visual. Aprendí que el secreto de los 70 no era más producto, sino la ubicación estratégica. Sin embargo, el curso tiene un detalle: la iluminación que usan es de estudio, muy controlada, y no siempre coincide con la luz natural que entra por mi ventana a las cuatro de la tarde. Tuve que aprender a traducir esos esquemas de luz a mi realidad costera.

Si sientes que te falta una base más sólida antes de saltar a lo editorial, quizás te sirva mirar algo como un Curso de Automaquillaje Avanzado, que ayuda a pulir esos detalles de difuminado que a veces damos por sentados.

El desastre de la purpurina azul

No todo fue glamur desde el principio. Recuerdo el desastre del primer intento: terminé con purpurina azul incrustada en las teclas de mi computador de la clínica dental durante toda la semana siguiente. Cada vez que agendaba una hora para un conducto, un brillito azul me saludaba desde la tecla 'Enter'. Fue un recordatorio constante de que no había usado un fijador adecuado.

Sentir el olor a laca y el frío del envase de vidrio de la base contra mis dedos mientras el sol calienta mi espalda en el balcón se volvió mi ritual. Pero en esos primeros ensayos, mi monólogo interno era despiadado: ¿Estoy logrando el look de Cher o simplemente parezco alguien que se quedó dormida sobre un catálogo de manualidades? La línea entre lo editorial y lo disfraz es muy delgada, sobre todo cuando una no es profesional.

Teclado de computadora con rastros de purpurina azul y productos de maquillaje.

El desafío de la textura en la piel real

Aquí es donde me puse reflexiva. El maquillaje de los 70 suele requerir texturas pesadas y mucho brillo escarchado (frosted), lo cual es precioso en una modelo de 19 años con la piel tensa como un tambor. Pero para quienes ya notamos que la piel tiene memoria —incluso a mis 28, o para quienes tienen una piel más madura— el brillo puede ser un arma de doble filo. El exceso de partículas metalizadas tiende a acentuar cada línea de expresión y cada poro.

Aprendí que para evitar ese efecto 'piel cuarteada', la preparación es todo. No puedes llegar y ponerte una sombra metálica sobre el párpado seco. Necesitas una base de hidratación que sea casi como una seda. Si te interesa llevar este estilo a algo más usable en el día a día, podrías revisar estos trucos de maquillaje para el trabajo con un estilo editorial discreto, donde explico cómo bajarle la intensidad a la escarcha sin perder la elegancia.

La victoria en los cerros

Después de varios fines de semana de práctica, finalmente logré esa transición de color que buscaba: un degradado que va desde un hueso mate hasta un plata eléctrico que parece cobrar vida propia. Entendí que el delineado intenso en las pestañas inferiores, tan típico de los 70, ayuda a equilibrar el peso del brillo en la parte superior.

Una noche de fotos con amigos en el cerro fue la prueba de fuego. Caminábamos por esas escaleras infinitas de Valparaíso y mi mejor amiga se detuvo en mitad de un peldaño para preguntarme si me había puesto un filtro de Instagram en la vida real. Esa fue mi validación. No necesitaba un título de maquilladora profesional para sentir que había creado algo artísticamente valioso sobre mi propio rostro.

Maquillaje de ojos estilo años 70 con sombras escarchadas y delineado intenso.

Si alguna vez te pica la curiosidad por otras épocas, también he estado experimentando con cómo lograr un maquillaje de supermodelo de los 90 con aire editorial, que es mucho más mate pero igual de desafiante en términos de estructura ósea.

Reflexiones de una aficionada

Mirando hacia atrás, estos ocho meses de práctica me han enseñado que el maquillaje es, sobre todo, paciencia. Es entender cómo la textura de un pincel plano cambia cuando se va secando y cómo el pigmento reacciona a la humedad del ambiente. Mi hobby no se trata de aceptar clientas pagas, sino de esos minutos de silencio frente al espejo donde solo existimos yo y el color.

Para quienes están empezando y no quieren gastar una fortuna, el Curso de Maquillaje Profesional es una opción más económica para entender qué hace una base de cabina antes de comprometerte con algo más largo. Es útil para ramificar conocimientos, aunque por ahora prefieras seguir siendo una entusiasta de fin de semana.

Al final, cuando el sol se esconde tras el horizonte del Pacífico y la luz dorada rebota en mi maquillaje, me siento como una versión moderna de una diva del cine. Y eso, entre tantos lunes de clínica dental, es un pequeño lujo que me permito cada sábado.