Cuaderno de Paleta

Ideas de maquillaje editorial para fotos creativas sin ser maquilladora

Ideas de maquillaje editorial para fotos creativas sin ser maquilladora

Un sábado por la tarde en Valparaíso, con la luz dorada entrando por la ventana mientras intento recrear el delineado de Audrey Hepburn antes de que el sol se esconda tras los cerros. Hay algo casi hipnótico en el silencio de mi departamento en el cerro Alegre cuando solo se escucha el roce de las cerdas de un pincel contra la paleta. Mis manos, que de lunes a viernes se dedican a organizar fichas de pacientes y actualizar software dental en la clínica, los fines de semana se convierten en herramientas de una expresión que todavía estoy aprendiendo a nombrar. No soy profesional, no tengo un maletín lleno de marcas de lujo, pero tengo esta luz y una curiosidad que no se apaga.

El refugio de los sábados: de las fichas dentales al lienzo del rostro

Mi semana ocurre entre paredes blancas y el olor aséptico del consultorio. Es una rutina necesaria, pero a veces siento que me drena el color. Por eso, cuando llega el sábado, mi tocador se transforma. Mi ritual comienza limpiando la superficie de madera, ordenando mis brochas por tamaño y esperando ese momento exacto en que la atmósfera cambia. El contraste es total: paso de la precisión cuadriculada de la administración dental a la libertad absoluta de mancharme los dedos con pigmentos puros.

Recuerdo que hace unas tres semanas, intenté un look inspirado en las sombras difusas de los años setenta. No buscaba algo para ir al supermercado, sino algo que capturara una emoción en una foto. Me di cuenta de que el maquillaje editorial no se trata de verse 'bonita' en el sentido tradicional, sino de contar una historia. A veces esa historia es oscura, otras es brillante y húmeda como el rocío. Es un escape creativo que me permite ser otra persona durante un par de horas antes de volver a la oficina el lunes.

Paleta de maquillaje editorial junto a vaselina y papel film para texturas.

Texturas que no se compran: vaselina y papel film

Durante el invierno pasado, pasé muchas tardes frustrada porque no lograba ese acabado 'glossy' que veía en las revistas. Compré un par de productos caros, pero ninguno me daba la densidad que buscaba. Fue ahí cuando empecé a experimentar con lo que tenía a mano. Descubrí que una capa delgada de vaselina sobre una sombra de ojos bien saturada crea un efecto de profundidad que ninguna sombra satinada puede imitar. Es el famoso 'wet look' que, aunque es un desastre para usarlo en una fiesta porque se corre en diez minutos, en una foto se ve increíble.

La experimentación me llevó a usar incluso papel film. Si lo arrugas un poco y lo presionas suavemente sobre una base de maquillaje que aún no se ha secado, dejas una textura irregular, casi como de piel de reptil o de cristal roto, que bajo la luz adecuada crea relieves fascinantes. Esas son las ideas de maquillaje editorial que más me gustan: las que nacen de jugar con materiales que no fueron diseñados para la cara. Al final, se trata de romper las reglas. En la fotografía editorial, el uso de texturas brillantes requiere retoques constantes debido a la migración del producto por el calor de las luces, pero esa imperfección es parte del encanto. Si buscas algo más duradero para un evento real, siempre puedes leer sobre maquillaje de invitada de boda para lucir bien en fotos, donde la técnica es más estable.

La luz de Valparaíso y los números detrás de la cámara

No saco las fotos con mi celular si puedo evitarlo. Mi mejor amiga tiene una cámara y, aunque ninguna de las dos es experta, hemos aprendido a entender la luz. Un atardecer reciente, instalamos un foco LED pequeño que configuramos a una temperatura de color de luz de día de 5600K. Esa luz blanca y pura es esencial para que los colores del maquillaje no se distorsionen. Si usas una luz muy cálida, los azules se vuelven verdes y los rojos se apagan.

Cuando ella se prepara para disparar, solemos usar una distancia focal clásica de 35mm. Me gusta porque permite capturar un poco del entorno, que se vea mi ventana, el caos de mis sombras y la atmósfera del cerro. Para lograr ese efecto donde mis ojos están enfocados pero el resto se suaviza, ella ajusta la apertura de diafragma para retrato a f/1.8. Es en ese desenfoque donde el maquillaje editorial brilla de verdad; no necesitas que cada poro sea perfecto, necesitas que el color vibre. Es un momento donde el olor a laca para el cabello mezclándose con la brisa salina que entra por mi ventana abierta me hace sentir que estoy en un set de filmación en lugar de mi pequeño departamento.

Lente de cámara 35mm y luz LED configurada para fotografía de maquillaje.

El arte de la mancha: por qué la perfección es el enemigo

Aquí es donde mi opinión difiere de todos los tutoriales técnicos que veía durante la pandemia. Al principio, me obsesionaba con que el difuminado fuera una transición invisible, como un degradado de Photoshop. Pero un sábado, después de lo que me pareció una eternidad, sufrí la frustración de intentar un 'cut crease' y terminar con un manchón oscuro que parece un moretón en lugar de una sombra definida. Estuve a punto de lavarme la cara y rendirme.

Sin embargo, me miré al espejo bajo esa luz de las cinco de la tarde y me di cuenta de que ese manchón tenía una fuerza increíble. Le añadí un poco de brillo en el centro con el dedo —nada de pinceles caros— y el resultado fue mucho más potente que cualquier técnica perfecta. El maquillaje editorial a menudo rompe las reglas de la simetría para priorizar el concepto visual. Aprendí que la imperfección deliberada y las texturas crudas crean una estética mucho más impactante que el acabado profesional. Si el ojo izquierdo no es exactamente igual al derecho, no importa; lo que importa es la intención.

Maquillaje de ojos editorial con sombra oscura difuminada e imperfecta.

Pequeños trucos para un impacto de pasarela

Si estás empezando a jugar con estas ideas, hay técnicas que parecen complejas pero son simples. Una de mis favoritas es el 'tightlining', que consiste en aplicar delineador en la línea de agua superior para dar densidad a las pestañas sin que se note el trazo. Es sutil, pero en las fotos hace que la mirada tenga una profundidad que el rímel solo no logra. También he aprendido a no tener miedo de llevar el rubor hasta las sienes, casi mezclándolo con la sombra de ojos. Es una técnica de maquillaje editorial clásica que estructura el rostro de una forma casi escultural.

A veces, cuando quiero algo más sofisticado, vuelvo a lo que ya conozco bien pero le doy un giro. Por ejemplo, trato de lograr unos smoky eyes con acabado glow usando técnicas profesionales que he ido adaptando con mis propios dedos. La clave está en no tener miedo a que el producto se mueva. Un maquillaje que 'vive' en la piel, que se pliega con tus párpados y brilla con tu propia grasitud natural, siempre se verá más real y editorial que una máscara de polvo mate que oculta quién eres.

Mano de aficionada sosteniendo un pincel de maquillaje frente a una ventana.

La cámara no miente, pero tú puedes elegir qué decir

Desde mediados de la primavera pasada hasta este otoño incipiente, mi forma de verme ha cambiado. Ya no busco corregir mis rasgos para encajar en un estándar de belleza de oficina. El maquillaje editorial me ha dado permiso para usar mi cara como un campo de juegos. A veces, los mejores resultados vienen de los productos más insospechados; me ha pasado que una barra de labios barata de farmacia tiene un pigmento mucho más interesante para una foto que una de marca de lujo. De hecho, hace poco escribí sobre cómo es posible recrear un maquillaje de alfombra roja con cosméticos básicos de farmacia, porque al final, la herramienta más importante es tu ojo, no tu billetera.

Cuando termino una sesión y me limpio la cara con el aceite desmaquillante, sintiendo la textura del algodón sobre la piel cansada, me queda una sensación de satisfacción que me dura toda la semana. El maquillaje editorial no es solo para pasarelas o para modelos en París; es una herramienta de autoexpresión que cualquier aficionada, incluso una asistente dental en Valparaíso, puede reclamar para su propio arte. No necesitas un diploma para crear algo que sea visualmente honesto. Solo necesitas un sábado libre, una ventana con buena luz y las ganas de fallar hasta que, de repente, algo sale bien.