Cuaderno de Paleta

Ideas de maquillaje editorial para fotos creativas sin ser maquilladora

Ideas de maquillaje editorial para fotos creativas: aficionada practicando delineado frente a la ventana de su departamento en Valparaíso

La cinta adhesiva de papel promete un ala de delineado igual en los dos ojos; mi espejo mostró justo lo contrario. Esa tarde, un ojo quedó más alto que el otro, como si cada mitad de mi cara perteneciera a una sesión de fotos distinta. Llevo estos sábados metida en ideas de maquillaje editorial sin ser maquilladora ni quiero serlo, solo una asistente de clínica dental que quiere convertir su propia cara en material de fotografía creativa, con esa estética Hollywood retro que tanto me gusta imitar, y esa misma tarde entendí que ningún truco de papel resuelve lo que solo resuelve la práctica. Sigo siendo hobbista del maquillaje, nada más, pero cada intento fallido me acerca un poco a entender qué hace que un look se lea como editorial y no como una versión recargada del maquillaje de todos los días.

El delineado de cinta adhesiva prometía simetría y me dejó dos ojos distintos

Mi departamento arrendado queda en el cerro Playa Ancha, en una pieza que uso solo para esto, con una ventana que mira al poniente y que entre las tres y las seis de la tarde deja pasar una luz que ningún aro LED imita del todo. El tocador es un mueble que heredé, pintado de blanco, con el cristal del espejo ya lleno de manchas de pigmento que ni el alcohol saca completas. Detrás del espejo circular tengo montado un aro de luz que compré de segunda mano, y en un estante metálico que antes vivía en el baño ahora guardo los pinceles parados como lápices, junto con las paletas que más uso.

Con la luz entrando justo a esa hora, decidí que el ala del delineado necesitaba un empujón técnico: corté dos tiras de cinta de papel, las pegué siguiendo el ángulo de la ceja y delineé hacia afuera. En el ojo derecho salió un ala larga y limpia; en el izquierdo, la piel del párpado se estiró distinto al despegar la cinta y quedó una línea más corta y más alta, imposible de disimular sin partir de cero. Ahí aprendí, sin buscarlo, que hay diferencia entre un wing-liner de manual y uno que se adapta a un ojo caído o más pesado de un lado que del otro. Un tema que trato con más calma en otra entrada, aunque esa tarde solo se sentía como un fracaso más en la lista.

Paleta de maquillaje editorial casero junto a vaselina y papel film usados para crear texturas en fotos.

Texturas caseras que ninguna paleta trae de fábrica

El invierno pasado pasé varias tardes frustrada porque no lograba el acabado brilloso que veía en las revistas, y los productos caros que compré no daban la densidad que buscaba. Empecé a experimentar con lo que ya tenía en el tocador. Una capa delgada de vaselina sobre una sombra bien saturada crea una profundidad que ninguna sombra satinada de venta imita, aunque sea un desastre para usar en una fiesta real porque se corre a los diez minutos: en foto, en cambio, se ve tremendo.

También empecé a usar papel film arrugado, presionado suave sobre una base que todavía no había secado del todo; deja una textura irregular, casi de piel de reptil o de vidrio roto, que bajo la luz correcta arma relieves que ningún producto comprado consigue solo. Termino esas tardes con la cerda del pincel plano ya seca de tanto pasarla por la vaselina, y aun así vuelvo a probarlo la semana siguiente. Si buscas algo más estable para un evento real en vez de una sesión improvisada de fotos, tengo más sobre cómo dejar la piel lista para la cámara en maquillaje de invitada de boda para lucir bien en fotos, donde la preparación es bien distinta a la mía de sábado.

La luz de las cinco de la tarde rinde más que cualquier set armado

Isadora, mi amiga del grupo de fotografía callejera, es quien casi siempre dispara; llega con capturas de referencia de cine clásico guardadas en el teléfono, aunque terminamos improvisando de todas formas. Ese sábado no nos quedamos en mi ventana: bajamos hasta Playa Acapulco, en Viña del Mar, porque quería un fondo de roca y agua que mi departamento no me da. Ella arma un foco LED pequeño a una temperatura de luz de día, 5600K, porque con una luz muy cálida los azules del párpado se ven verdosos en la foto y el maquillaje pierde sentido.

Dispara con una distancia focal de 35 milímetros para que se cuele algo del paisaje, y abre el diafragma a f/1.8 para que mis ojos queden nítidos y el resto se disuelva en un fondo suave. Constanza, una lectora que me escribe desde Santiago hace meses, me mandó hace poco una comparativa de la misma sombra con luz natural y con flash, y el contraste entre las dos fotos me hizo entender por qué Isadora insiste tanto en esperar esa hora exacta. Fue en la cuarta semana de estar sacando fotos así, con el viento salado de la playa jugando con la laca de mi pelo, cuando Isadora bajó la cámara a medio disparo y preguntó de dónde había sacado esa sombra en los párpados, como si nunca me hubiera visto maquillada de esa forma, aunque llevábamos meses haciendo exactamente esto los sábados. Fue la primera vez que alguien más lo notó sin que yo lo mencionara antes.

Lente de cámara de 35mm y luz LED configurada para una sesión de fotografía creativa de maquillaje editorial en la playa.

Dejar que la mancha se quede antes de intentar corregirla

Llevaba semanas obsesionada con que el difuminado se viera como una transición invisible, sin ningún borde marcado, y una tarde el cut crease se me fue de las manos: quedó un manchón oscuro y ancho en lugar de una sombra bien hecha, más parecido a un golpe que a una sombra bien hecha. Estuve a un paso de lavarme la cara entera y dejarlo ahí.

Pero la luz ya entraba directo por la ventana del poniente, y bajo esa luz el manchón tenía algo que ninguna técnica prolija me había dado antes: fuerza, sin necesidad de ser simétrico. Le puse un poco de brillo en el centro con el dedo, sin pinceles de por medio, y el resultado se sostuvo mejor en cámara que cualquier intento anterior donde todo estaba perfectamente parejo. Entendí algo que no tiene que ver con la técnica sino con la actitud: en maquillaje editorial, que un ojo no sea igual al otro no arruina la foto, la vuelve más honesta.

Maquillaje de ojos con estética Hollywood, sombra oscura difuminada e intencionalmente imperfecta para foto editorial.

Ideas de maquillaje editorial que tomo prestadas de otras entradas de mi cuaderno

Hay trucos chicos que rinden mucho en foto sin ser complicados: el tightlining, delinear la línea de agua superior para dar densidad a las pestañas sin que se note el trazo, sigue siendo de mis favoritos, junto con llevar el rubor hasta las sienes casi fundiéndolo con la sombra de maquillaje de ojos, algo que estructura la cara de un modo casi escultórico en cámara.

Cuando quiero algo con más peso visual, vuelvo a los smoky eyes con acabado glow usando técnicas profesionales que ya conozco, y ahí una sola capa de sombra aplicada en húmedo sobre el párpado alcanza para que una foto sencilla tomada en el cerro se lea como editorial, sin gastar más productos ni más tiempo del que tengo un sábado por la tarde.

También he probado maquillaje de otras décadas — un ala más marcada, una boca distinta —, pero llevar un look de época entero a una versión que se use hoy es un tema que dejo para otro cuaderno. Lo que sí tengo claro es que la diferencia entre un maquillaje editorial y uno cotidiano no está en cuánto producto uses sino en qué historia quieres que cuente la foto, algo que exploro con más calma en otra entrada. Tampoco hablo acá de cuánto aguanta un maquillaje editorial puesto encima de una jornada entera de oficina, porque esa pregunta tiene su propia respuesta en otro lugar del blog.

Mano de una hobbista del maquillaje sosteniendo un pincel frente a la ventana de su tocador en Valparaíso.

La cámara no miente, pero yo elijo qué mostrarle

Un labial de farmacia, de esos baratos, me ha dado más de una vez un pigmento más interesante en foto que uno de marca cara — algo que desarrollé hace poco al escribir sobre cómo recrear un maquillaje de alfombra roja con cosméticos básicos de farmacia: al final, la herramienta que más pesa es el ojo entrenado, no la billetera.

Cuando termino de sacar las fotos y me saco todo con aceite desmaquillante, sintiendo el algodón tibio contra la piel cansada, me queda claro que el maquillaje editorial no es un privilegio de pasarelas ni de sets en París: es una herramienta que cualquier aficionada, aunque trabaje administrando fichas dentales en Valparaíso, puede usar para aprender a mirar su propia cara distinto. Si algo me llevo de estos meses de cinta mal pegada, manchones que terminaron gustándome más que la técnica prolija y una amiga que un día por fin notó el cambio sin que yo dijera nada, es que el maquillaje editorial premia decidir antes que corregir: primero elijo qué quiero contar con la cara, después arreglo lo que quedó torcido, nunca al revés.